Puesta en escena.


IMAGEN DE REFERENCIA

"The Blacklist: Pilot (2013)" Dir.: Joe Carnahan - DF: Yasu Tanida

ESCENA 1. INT. ENTRADA DE LA CASA. NOCHE

      Algunos globos de helio flotan anclados al piso, cerca hay un letrero en el que se lee “FELICIDADES PAPIS”. Debajo, sobre una cajonera de madera vemos una lámpara; a sus pies una foto enmarcada de EUGENIA(29) y SANTIAGO(32). Todo indica a que en esa habitación se celebró un pequeño baby-shower, terminado ya hace algunas horas.

SANTIAGO [Cierra la puerta despacio al entrar(en OFF)]. Se estira y se masajea el cuello, incómodo, contracturado, agotado. Se saca la campera y la deja sobre el sillón. Se acerca a la mesita ratona, donde, sin hacer mucho ruido, deja las llaves de la casa. Esta tiene una gran bandeja encima con restos de torta, rodeada de platos semi vacíos, vasos sin terminar, servilletas, etc. Rodeando la mesita, distingue unas servilletas desparramadas por el suelo. Se dispone a levantarlas.

Cruza luego el estudio en penumbras, caminando pesadamente por entre globos, guirnaldas, bolsas y cajas de regalos. Levanta una silla que se encuentra tirada en el piso y la acomoda, sacándola de su camino; tiene una mancha roja en el asiento.
Se lo ve con claridad por primera vez: es un hombre alto, de pelo castaño y arreglado, barba de tres días. Lleva puestos un par de anteojos. Ropa de otoño-invierno. Trae una bolsa de farmacia en la mano.

Un umbral separa el estudio de la sala, en cuya entrada, a un par de metros, se encuentra EUGENIA arrodillada, cepillando la alfombra color crema, peleando con una serie de manchas rojas que se rehúsan a desaparecer. Hay un balde con jaboncillo a un lado, el agua teñida de rosado.

EUGENIA tiene el pelo castaño oscuro, recogido desprolijamente con un broche. De contextura menuda, lleva una remera celeste grisácea de pijama y unos shorts pequeños. Está descalza. Tiene la nariz un poco roja, la cara pálida y los ojos algo hinchados. Por lo demás, un maquillaje de verano simple, pero estropeado, corrido.

En el cuarto de atrás se ve a SANTIAGO dejar la bolsa de farmacia suavemente sobre el escritorio, pendiente de no hacer ruido, deja sus anteojos también. Mira con cautela a EUGENIA, pensativo, antes de cruzar de una vez el umbral y adentrarse en su hogar, caminando decidido hacia su izquierda.

EUGENIA cesa de fregar la alfombra y, frustrada, se deja caer sentada en el lugar, dejando entrever ahora su barriga hinchada bajo su remera-pijama, que tiene la parte inferior manchada de rojo intenso. Sus piernas también se encuentran manchadas. Examina abrumada sus alrededores, la situación; las horribles manchas de la alfombra, su pijama arruinado. Resignada, cabeza gacha, suelta el cepillo en el aire, tirándolo sin ganas. Se sorbe la nariz.
Vemos a SANTIAGO ir a su encuentro despacio con una frazada en las manos.

EUGENIA
Ya son tres…

SANTIAGO la mira con lástima. Con movimientos parsimoniosos se le acerca, se la pone sobre los hombros a EUGENIA con cuidado y le acaricia la cabeza. Se agacha y se sienta a su lado, corriendo el balde para hacerse espacio.
La mira cansado, apenado. La rodea con un brazo. Ella apoya la cabeza en su hombro.

SANTIAGO
Mi amor..

Le besa la cabeza. Ella inhala y exhala con pesadez. SANTIAGO le acaricia el rostro, corriéndole un mechón de pelo y acomodándoselo delicadamente detrás de la oreja.
Ella mira la mancha frente a ellos. Se quedan en silencio por un momento. Parpadea, sacude la cabeza sin poder creerlo, desesperanzada. Se lleva las manos a la cara con intensión de despabilarse, suspirando agobiada. Se sorbe la nariz y se incorpora.

EUGENIA (acusativa pero resignada)
Es el tercer perrito que me matas.

SANTIAGO la rodea ahora también con el otro brazo, abrazándola y meciéndola, apoyando su mentón sobre la cabeza de EUGENIA. Sacude la cabeza un poco, sin despegarla de la de ella.

SANTIAGO (horrorizado, arrepentido)
… mira si te hacía algo a vos.

EUGENIA hace un chasquido con la lengua, reprobando su comentario, poniendo los ojos en blanco. Inhala molesta y estornuda.
SANTIAGO la libera del abrazo para buscar de su bolsillo un paquete de pañuelos y ofrecérselos. Ella saca un pañuelo y se suena la nariz mientras SANTIAGO se distrae acariciándole la barriga con cariño. EUGENIA le sonríe amorosamente llevando su mano libre al estómago y tomando la de él. Se miran con ternura.

De repente, desde afuera de la casa empieza a sonar cumbia a todo volumen. SANTIAGO gruñe y lleva ambas manos a su cara mientras se reclina hasta acostarse en el piso, agotado.

EUGENIA (furiosa)
¡Otra vez, esos hijos de RE MIL PUTA! ¡HACÉ ALGO!


SANTIAGO, se queja desde su lugar en el piso, cansado, mientras saca su pistola del borde de su pantalón y se la ofrece a EUGENIA. Ella, sin dudar un segundo, toma el arma como si se tratase del control remoto de la TV y carga una bala.

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